"puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe" (Hebreos 12:2).
En la hacienda en la que yo crecí, en los alrededores de Lamesa, Texas, era cultivado el algodón. El lugar era plano y el algodón aparecía en línea recta, como una lanza. Pregunté al responsable por la plantación como conseguía que la plantación estuviera en línea tan recta y él me contestó:
"Cuando yo estoy sembrando yo fijo mis ojos en un objeto bien distante, en el fin del campo, y nunca ojo para detrás. No se puede arar la tierra mirando para detrás." (Calvin T. Partain)
Para donde estamos mirando en la caminata en busca de la ¿realización de nuestros sueños y de la tan anhelada dicha? ¿En que dirección seguimos cuando necesitamos decidir algo importante en nuestras vidas? ¿Cuál es nuestra referencia? ¿En que basamos nuestra confianza de éxito?
Muchas veces nosotros, cristianos, murmuramos por no conseguir llegar a lugar alguno. Decimos que vamos para allá y acá, pero, no encontramos el puerto de nuestra bendición. Y ¿por qué será? Probablemente porque no estamos seguros, aún, de la dirección a seguir. No sirve ir y volver, no sirve seguir ora para la derecha y ora para la izquierda. No sirve andar por varios caminos y atajos. Si no sabemos para donde vamos, difícilmente llegaremos a algún lugar.
Cuando aprendemos que solo existe una dirección a tomar; cuando nuestro corazón hace la opción correcta; cuando no hay ninguna duda con relación a lo que anhelamos; cuando nuestra opción definitiva es Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, entonces sabremos el camino a seguir, no entraremos en callejones engañosos, no correremos el riesgo de no llegar al destino anhelado. Nuestros ojos espirituales estarán fijos en Él y, el regocijo de la llegada victoriosa estará garantizado.
Estaremos mirando para el Señor; el Señor estará mirando para nosotros; y, de ese momento en delante, seguiremos siempre en línea recta, para la conquista de los sueños, para el goce de la vida abundante, para la vida eterna y feliz con Dios.
Paulo Barbosa
En la hacienda en la que yo crecí, en los alrededores de Lamesa, Texas, era cultivado el algodón. El lugar era plano y el algodón aparecía en línea recta, como una lanza. Pregunté al responsable por la plantación como conseguía que la plantación estuviera en línea tan recta y él me contestó:
"Cuando yo estoy sembrando yo fijo mis ojos en un objeto bien distante, en el fin del campo, y nunca ojo para detrás. No se puede arar la tierra mirando para detrás." (Calvin T. Partain)
Para donde estamos mirando en la caminata en busca de la ¿realización de nuestros sueños y de la tan anhelada dicha? ¿En que dirección seguimos cuando necesitamos decidir algo importante en nuestras vidas? ¿Cuál es nuestra referencia? ¿En que basamos nuestra confianza de éxito?
Muchas veces nosotros, cristianos, murmuramos por no conseguir llegar a lugar alguno. Decimos que vamos para allá y acá, pero, no encontramos el puerto de nuestra bendición. Y ¿por qué será? Probablemente porque no estamos seguros, aún, de la dirección a seguir. No sirve ir y volver, no sirve seguir ora para la derecha y ora para la izquierda. No sirve andar por varios caminos y atajos. Si no sabemos para donde vamos, difícilmente llegaremos a algún lugar.
Cuando aprendemos que solo existe una dirección a tomar; cuando nuestro corazón hace la opción correcta; cuando no hay ninguna duda con relación a lo que anhelamos; cuando nuestra opción definitiva es Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, entonces sabremos el camino a seguir, no entraremos en callejones engañosos, no correremos el riesgo de no llegar al destino anhelado. Nuestros ojos espirituales estarán fijos en Él y, el regocijo de la llegada victoriosa estará garantizado.
Estaremos mirando para el Señor; el Señor estará mirando para nosotros; y, de ese momento en delante, seguiremos siempre en línea recta, para la conquista de los sueños, para el goce de la vida abundante, para la vida eterna y feliz con Dios.
Paulo Barbosa
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