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14 diciembre 2009

Manantial de bendiciones

"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mateo 6:33).

El Barón Von Welz estaba tan envuelto por la idea misionera que, después de  discutir en vano para que la iglesia llevase el Evangelio a la gente que no cocnocia a Dios, renunció a su título y sus propiedades y se ofreció para ir, por cuenta propia,  a Guinea Holandesa, donde luego formó un campo misionero. Justificó la decisión de renunciar a su título de la siguiente manera: "¿De que sirve, para mí, el título de 'bien nacido' si yo nací de nuevo en Cristo? ¿Que importancia hay a mí lo título 'Lord -- Señor' si yo deseo ser un siervo del Señor Jesus? ¿De que me sirve que me llamen 'Su Gracia' si lo que yo tengo es necesidad de la gracia, ayuda y socorro de Dios? Todas esas vanidades yo coloco a un lado, y todo lyo me presento a los pies de Jesus, mi querido Señor, para que nada me impida servirlo."

Muchas veces hacemos el camino inverso del Barón de nuestra historia. Queremos títulos, propiedades, reconocimiento, dinero y otras cosas materiales como imprescindibles para
nuestra felicidad. Valoramos las consecuencias y nos olvidamos del esencial: la fuente de la felicidad.

Mejor que poseer un título en este mundo es ser llamado "bendito del Padre". Mejor que las propiedades que pueden caer delante de una tempestad es la certeza de heredar una morada en los Cielos, que permanecerá para siempre. Mejor que el reconocimiento pasajero e incierto que tanto anhelamos aquí en este mundo es la Palabra del Señor: "Fuiste fiel en el poco, sobre el mucho te colocaré". Mejor que el dinero que puede si acabar a cualquier momento es el tesoro que nos fue prometido por el Padre y que jamás tendrá fin.

Tenemos todo para una vida bendita y feliz. Tenemos el nombre escrito en el Libro de la Vida, tenemos la compañía constante del Señor, tenemos su amor y su paz que nos garantizan días de grande alegría, tenemos la certeza de vivir abundantemente en cualquier situación.

Tenemos el manantial de bendiciones a nuestra disposición -- ¿qué podemos querer más?

Paulo Barbosa, un ciego en internet

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