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09 diciembre 2009

El ciervo orgulloso

El ciervo había llegado hasta una fuente de agua cristalina. Y mientras bebía del agua, observó cuán hermosos eran sus cuernos, qué gracia y distinción le daban.

Pero además, también vio reflejadas en el agua sus largas patas. Y pensó para sí: “¡Cuán largas son, y que pies tan chicos tengo!”.

Pero no terminó el ciervo de pensar en sus cuernos y en sus piernas, cuando a la distancia apareció un león. Rápidamente el ciervo echó a correr con sus veloces patas. Pero con tan mala suerte que sus cuernos se enredaron al pasar por los arbustos del bosque, y el león lo alcanzó y lo devoró. Los pies que tanto había despreciado lo salvaron del león, mientras que los cuernos que tanto orgullo le habían dado, fueron la causa de su destrucción.

A menudo, lo que parece despreciable en la vida propia puede abrir las puertas del éxito, como también, lo aparentemente meritorio, puede ser apenas una carga inútil de arrogancia y vanidad.

Recordemos que en Filipenses 4:19 nos dice que Él “suplirá todo lo que os falta”, así que busquemos tener una buena calidad de vida delante de Dios

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