Cuando hacemos entrega completa de nuestra vida a Dios, no sabemos exactamente como el plan divino se desarrollará en ella. No es necesario que sepamos eso. Basta saber que el plan, el poder y la sabiduría están con el Espíritu, y que cuando lo seguimos en la santidad de nuestra vida a Cristo, seremos llevados por Él de acuerdo con aquel plan y poder y sabiduría. Cristo puede atender todas las necesidades de Su Reino, por medio de las vidas santificadas de Sus discípulos.
"El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva" (Juan 7:38).
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