"porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa" (Hebreos 10:36).
Una mujer, que había asistido a un espectáculo internacional, de danza, constató, al llegar a casa, que había perdido una de su pendientes de brillantes.
Además del grande valor material de la joya, había también un valor sentimental, por tratarse de herencia de su madre. Bastante preocupada, telefoneó al gerente del teatro preguntando si habían encontrado la joya durante la limpieza del salón. El gerente le pidió que aguardase en la línea mientras iría a preguntar al responsable por el mantenimiento del local. Al encontrar el administrador, supo que la joya había sido hallada y guardada en un lugar seguro. El gerente regresó al teléfono para dar la excelente noticia a la señora, pero, ella ya había colgado. Sin saber el nombre de la dueña del pendiente, aguardó que volviese a llamar y hasta colocó un anuncio en un diario, pero nunca más tuvo noticia de ella.
Podemos pensar en lo lo impaciente que era aquella señora. Por causa de algunos minutos de espera acabó perdiendo concluyentemente su joya preciosa. Muchos de nosotros, cristianos, actuamos según y como. Oramos al Señor, presentamos a Él nuestras necesidades, pero, no tenemos paciencia de esperar, al oír: "aguarde en la línea". Como resultado, perdemos la alegría de la oración contestada y el regocijo de la recompensa por una fe perseverante.
Dios sabe el tiempo y la forma correcta de bendecirnos. Nosotros nos precipitados en nuestra ansiedad. Queremos todo en la misma hora, de nuestra manera, sin parar para medir las posibles consecuencias. El Señor nos
prepara para recibir la bendición y, cuando ella llega, nuestro corazón se llena de grande dicha y gratitud.
Si estás buscando la realización de un gran sueño, ten paciencia... persevera...Y si el Señor manda "aguardar en la línea", no cuelgues jamás tu canal de comunicación con Él.
Una mujer, que había asistido a un espectáculo internacional, de danza, constató, al llegar a casa, que había perdido una de su pendientes de brillantes.
Además del grande valor material de la joya, había también un valor sentimental, por tratarse de herencia de su madre. Bastante preocupada, telefoneó al gerente del teatro preguntando si habían encontrado la joya durante la limpieza del salón. El gerente le pidió que aguardase en la línea mientras iría a preguntar al responsable por el mantenimiento del local. Al encontrar el administrador, supo que la joya había sido hallada y guardada en un lugar seguro. El gerente regresó al teléfono para dar la excelente noticia a la señora, pero, ella ya había colgado. Sin saber el nombre de la dueña del pendiente, aguardó que volviese a llamar y hasta colocó un anuncio en un diario, pero nunca más tuvo noticia de ella.
Podemos pensar en lo lo impaciente que era aquella señora. Por causa de algunos minutos de espera acabó perdiendo concluyentemente su joya preciosa. Muchos de nosotros, cristianos, actuamos según y como. Oramos al Señor, presentamos a Él nuestras necesidades, pero, no tenemos paciencia de esperar, al oír: "aguarde en la línea". Como resultado, perdemos la alegría de la oración contestada y el regocijo de la recompensa por una fe perseverante.
Dios sabe el tiempo y la forma correcta de bendecirnos. Nosotros nos precipitados en nuestra ansiedad. Queremos todo en la misma hora, de nuestra manera, sin parar para medir las posibles consecuencias. El Señor nos
prepara para recibir la bendición y, cuando ella llega, nuestro corazón se llena de grande dicha y gratitud.
Si estás buscando la realización de un gran sueño, ten paciencia... persevera...Y si el Señor manda "aguardar en la línea", no cuelgues jamás tu canal de comunicación con Él.
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